17 noviembre 2006

EL GRAN SILENCIO


El día 24 de este mes se estrena en toda España una película especial, distinta, "El gran Silencio", una película de Philip Gröning.

El Gran Silencio muestra por primera vez el día a día dentro de un monasterio cartujo en los Alpes franceses, el Grande Chartreuse, referencia de la vida durísima, austera y difícil de personas dedicadas a la oración y al encuentro con Dios.

Ayer acudí a la presentación de la película que organizó la Conferencia Episcopal. La película no deja a nadie indiferente. Es una película tan bonita como difícil, tan larga como profunda, tan humana como espiritual.

No me gusta hacer sinopsis, porque mata la intención del director, como artista, pero es necesario explicar que no se trata de una película de ficción, sino un documental largísimo, con apenas diálogos, incluso muy pocas palabras, sin música y con los ruidos de ambiente del lugar donde se desarrolla: los Alpes franceses y el monasterio cartujo.

La vida, la experiencia, la realidad, los pensamientos, los sentires de los monjes. Una extraordinaria fotografía, jugando con los primeros planos, los paisajes, la cámara desenfocada... Pero, sobre todo, las miradas de los santos varones que nos acompañan durante los casi tres horas de visión, miradas que te dicen muchas, muchas cosas, miradas profundas, sinceras, de gentes en paz y armonía, miradas de hombres santos pero pecadores, de hombres duros pero tiernos, de hombres espirituales pero carnales, de manos agrietadas y almas puras en constante oración.

Hay que ir a verla. Hay que acudir a sentirla. Hay que llegarse al cine para aprender. Hay que entrar en comunión con esta realidad real, viva y actual. La película se gestó en 1984, hoy, en 2006 ve la luz. Hace 22 años la Orden Cartuja respondió al director que era demasiado pronto para poder rodar. Hoy todos podemos observar la realidad de la vida contemplativa más sincera y dura, pero, sobre todo, la película llega en momentos durísimos para el cristianismo, en momentos de lucha e intentos de borrarnos de la faz de la tierra, en momentos de desesperanza, en momentos de lucha por la defensa de la espiritualidad.

Cuando todo lo que nos rodea apesta a liberalismo, laicismo y mecanicismo, esta película nos muestra otra realidad real, otra forma de ver la vida, otra forma de sentir y, sobre todo, otra forma de Amar.

Pero, por encima de todo, nos muestra a Dios.

Vayan a verla. Saldrán transformados.... y luego me cuentan.

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